Sobre Hamacas y Chinchorros

Una aproximación a la historia de las hamacas y chinchorros en Venezuela

Poco se conoce sobre los antiguos tejidos en fibras blandas y otras artes textiles de Venezuela, sin embargo, el hallazgo de instrumentos arqueológicos como agujas de hueso y volantes de huso necesarios para hilar algodón, así como el extenso relato de cronistas y viajeros sobre la variedad de técnicas de manufactura y sustancias de una química tradicional –destinada a colorear las fibras que conformaron la urdimbre y la trama de telares rudimentarios-, nos han revelado un rico conjunto de conocimientos indispensables para rastrear las fuentes de este oficio.

De lo que sí se tiene certeza es que, en los primeros años de la Colonia, en aquellos lugares en donde desde tiempos antiguos existía ya una tradición textil, se evidenció la destreza artesanal de los indígenas, quienes pronto fueron incorporados al trabajo de los complejos telares europeos en donde fabricaban lienzos de algodón como los de El Tocuyo durante el siglo XVIII.

De acuerdo con Walter Roth, la primera mención histórica que se tiene de la hamaca es la que aparece en una carta del segundo viaje de Cristóbal Colón. Ésta se refiere a las fabricadas por los indígenas de Santo Domingo, las cuales eran tejidas en algodón. Willson, explorador de Guyana, quien estuvo en el río Oyapock en Cayena hacia 1606 escribe: las “camas indígenas que ellos llaman hamacas; hay algunas hechas con hilo de algodón y otras con cortezas de árboles, que usan para descansar en ellas colgando…”. Veinte años después Davis, otro explorador de la región, relata: “…ellos tienen una especie de red hecha con cuerdas de un árbol que llaman hamaca esta tiene tres brazadas (1,83 m) de longitud y dos en anchura, las cuales se agrupan en ambos extremos a lo largo, cada extremo se fija a un árbol en toda su longitud permaneciendo más o menos a una yarda y media del suelo. Cuando quieren dormir se trepan a ella”.

Desde ese tiempo y hasta ahora, la fabricación, uso y partes que conforman estas camas colgantes, destinadas al sueño, al descanso, al amor y a la muerte, no han cambiado sustancialmente. Sin embargo, en cada lugar, en cada sitio, han adoptando formas de expresión propia que las caracteriza y diferencia, y la variedad de sus técnicas, materias primas y colorido están acordes con la tradición, clima y fibras producidas en cada región.

Podríamos afirmar que así como en el contexto de la vida campesina el estilo de sus chinchorros y hamacas designa pertenencia a una tradición, en el mundo indígena el acto mismo de tejer es una habilidad que define identidad, pues también allí cada cultura posee signos que le son propios.

A pesar de la amplia gama de variaciones, los elementos básicos que constituyen un chinchorro y una hamaca son:

La cabuyera, pieza superior formada por un conjunto de cuerdas de un largo variable las cuales terminan en un asa a manera de argolla.

La cabecera, unida por un lado a la cabuyera y por otro al cuerpo, se forma a partir de un conjunto de cordones trenzados los cuales se tejen a manera de una malla que se va atando a los hilos terminales de la urdimbre que conforma el cuerpo.

El cuerpo, elemento central que define la diferencia entre chinchorro y hamaca. Mientras que en el primero el cuerpo se teje con una trama abierta y elástica, en la hamaca, trama y urdimbre son tupidas a manera de una tela que carece de elasticidad y transparencia.

La cenefa, llamada también fleco, trapera o randa, es un elemento decorativo, que varía de acuerdo con la calidad y belleza del chinchorro o de la hamaca producidos. Se trata de una franja tejida que cuelga de los orillos laterales, puede ser hecha con una aguja de ganchillo o anudada formando una malla.

Por sus cualidades estéticas, el tejido de hamacas y chinchorros constituye un rango mayor entre las artes textiles de Venezuela. Aunque algunos hombres se han incorporado al oficio de tejedores, éste pertenece fundamentalmente al universo femenino, constituyendo una de las principales fuentes de ingreso que aportan las mujeres a la economía doméstica.

En Venezuela se hace distinción entre chinchorro y hamaca, según el tipo de punto utilizado. Mientras que en el primero el tejido se hace abierto y elástico, en la segunda se teje una trama tupida como una tela. Generalmente ambos se tejen con el método de tejido plano, en telares verticales a manera de bastidor, cuyas dimensiones y tipos de madera pueden variar. En la mayoría de los casos, tejer chinchorros y hamacas es para hombres y mujeres, indígenas o campesinos de todo el país, una de las más importantes fuentes de ingreso en su economía doméstica.
El colorido y tamaño de hamacas y chinchorros varía con la tradición, materia prima y particularmente con el sentido estético de las tejedoras.

Las técnicas más usadas para el tejido de hamacas y chinchorros son la malla, la cadeneta o tripa y los caireles. En Monagas, especialmente en Aguasay, tímidas y silenciosas artesanas procesan la fibra de curagua para tejer chinchorros con la técnica de los “caireles” hechos con hilo pabilo (algodón) sobre la misma curagua, produciendo una suerte de fino encaje de color crudo, en un proceso que ellas denominan “pintar el chinchorro”.

Entre las comunidades indígenas de Venezuela las hamacas y los chinchorros siguen siendo parte indispensable del ajuar doméstico, lo cual no excluye su fabricación para la venta. Antiguamente, las hamacas eran utilizadas para transportar en hombros a los caciques, uso que les confería un carácter especial.

Además, eran un elemento importante en la celebración de ritos de iniciación de la pubertad y otras ceremonias. Durante la época colonial, y por su funcionalidad, estos tejidos también se usaron para el transporte de enfermos y heridos.

Fuente: Atlas de Tradiciones de Venezuela. (2008). 3era Edición. Fundación Bigott – El Nacional

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